sábado 21 de marzo de 2009

Y tuvimos que vernos en El cairo.

- ¡No mames!, ¿también tú eres fan Radiohead?.

Eso fue hace poco más de ocho años cuando por cuestiones burocráticas abandoné la facultad de antropología y me matriculé en la carrera de Filosofía y humanidades. Era el primer día de clase, llevaba una carpeta con imagenes de Radiohead que mi madre había enviado del gabacho. A la salida me esperó, caminando de vuelta de la escuela al centro platicamos sobre nuestro disco y rola favorita de ellos, ese mes recién había adquirido el Kid A.

Nos hicimos cuates, abandoné la escuela, fuimos amigos, luego mejores amigos. Ese fue el orden y sucedió durante ocho años, hasta que no pudimos seguir conviviendo y decidí interrumpir permanentemente la amistad
.

-Escribir las cosas que he escrito, los éxitos que he logrado como el trabajo en el museo o la publicación del libro me han costado envidias y algunos enemigos. Me he peleado con todos mis amigos, con mi familia. Álvaro ¿no entiendo por qué tu siempre has estado ahí?.

Para ese entonces habías ido, sistemáticamente, deshaciendote de todas las relaciones. Cuando ya no tenías con quien más pelear empezamos a discutir; tú creando un halo de sospecha sobre de mí, yo defendiéndome de tus acusaciones.

Cierto, no eres ni de cerca la mejor persona del mundo.Aún conociendo al monstruo decidi volverlo el mejor amigo de mi vida. Cometí el error de negar tu naturaleza, era obvio que algún día sería víctima de tu panaoia y desconfianza. Todo fue tan chdo que me complace haber asumido el riesgo.

Y justo ayer, mientras me tomaba un café con Carmen maria apareciste, me saludaste emocionado de haber coincidido en el mismo lugar.

No puedo negarlo cuando estuve en el D.F y se acercaba el momento del concierto,me acordé de ti, intenté incluso marcarte, pedirle a Henry tu nuevo número telefónico. Creí incluso que podríamos coincidir en el estadio. Creo que fue un concierto que hubiera disfrutado más si hubiera tenido
cerca al mejor de mis amigos , durante el mismo pensé en todas tus canciones favoritas que tocaron.

- Hola Álvaro ¿Cómo estás?.
- Bien, bien. Acá tomándome un café con una amiga Carmen, por acá anda.
- Pues yo vine a conocer este lugar, vengo a platicar un proyecto con mi jefa de Unasletras.
- Wow, qué chido... Por cierto, ¡felicidades!. Me enteré por Hector (el de Sonoris) que montaron una obra de un texto tuyo. ¡Qué pena, que no haya podido ir a verla! ¿Presentarán en algún otro lado?.
- Sí, probablemente... Pero ahora quieren hacer funciones donde se cobre. Fue un proyecto becado de ( ) pasamos de panzaso. El texto me parece que quedó bien, pero sí, faltaron más ensayos.
- Era un unipersonal ¿No?.
- Sí, un monólogo para una actriz.
- Pues espero poder verla, algún día.
- Oye ¿te acuerdas de los de La quilla? Estamos empezando un club de lectura, no se si quieras ir. Será en mi casa, el domingo a las 7.
- Sigues viviendo por el Parque de Mejorada.
- En realidad vivo entre La plancha y El remato del Paseo de montejo.

La conversación fluia natural, cordial, incluso sonreiamos -Siempre me pareció que con ningún otro amigo podría pasarme todo un día conversando sin lograr aburrirme-, e
ntonces me acordé de las largas discusiones que tuvimos días anteriores a que me hiciera a un lado, platicabamos ahora olvidando que incluso nos deseamos la muerte.

La burra no era arizca, suele decir mi madre cuando justificaba sus exabruptos, y es que ambos solemos tener una actitud relajada, llevadera y enfadarnos se convierte siempre en una reacción imposible, sin embargo los dos sabemos que cuando llega nuestro enojo suele ser psicótico y desmedido. Es como perderse, ver rojo y lastimar hasta quedar agotados.

Así que estuviste en esa pequeña lista de las personas que he llegado a lastimar en mis tan atípicos ataques de ira. Pero bueno, tú también respondiste y de peor forma, no sólo hubo insultos, recuerdo aquel cuento que le diste a Dianné (cuando te robaste no sólo la idea del libro ilustrado sino que intentaste llevartela a ella -¿no recordabas que fui yo quien te la presentó por que para ese tiempo tú descubrías tu faceta como pintor y ella al ser pintora podía serte de utilidad?-), recuerdo mucho el personaje de tu cuento, una niña quien guardaba terrible parecido conmigo:

Ella te regaló una nota policial con uno de los sucesos más terribles jamás imaginados (como yo), tuvo un perro suicida (sabes bien de quien fue la idea de escribir sobre eso; tenía el deber, fue el perro de mi abuelo), cuidaba de una tortuga (sólo te falto decir que se llamaba Lázara) y finalmente tenía una enfermiza fobia hacia los ratones (¿Cómo quien? Sí, como yo). Lo perturbador era el final que le diste a tu protagonista, la muerte. Me mataste pues, ficcionalmente.)

-Pues el libro del que vamos a hablar esta semana, es uno de Houllebecq. Las partículas elementales.
-Entonces habrá que llegar, imagino, con el libro ya leido.
-Sí de eso se trata, o al menos eso pretenden algunos hacernos creer. ¿No lo has leido?
-No y no lo tengo.
-¿Aún ocupas tu mismo mail? Podría enviártelo en versión PDF. Y tú podrías leerlo en estos dos días.
- Sí aún tengo el mismo mail y ...
-Bueno y te mando la dirección, claro si te interesa ir... es por la Calle 52...
-(Algo me obligó a regresarme a mi asiento, el presentimiento de algo y un gota helada de sudor) Ok. Ya lo veremos... Tal vez vaya... Bueno, fue un gusto verte.
-Igualmente.

Obviamente se que no iré.

Quizá pase un rato más sin que nos veamos, creo que realmente sí fue un gusto verte, siempre lo es. Tal vez algún día volvamos a platicar, cuando haya un libro que yo haya escrito, del cual quieras comentarme algo. Tal vez sólo así y presiento que será una charla muy corta.