viernes 9 de enero de 2009

Un poco de nostalgia de inicio de año

I.

Casualmente ayer platicaba con Jesús - mi pareja, que no el del cielo- acerca de las mejorías que había tenido en los últimos años; de cómo había podido lograr pasar de ser un autómata para las emociones, como si en algún momento de mi adolescencia una fisura (con su onomatopéyico sonido de Crack) hubiera sucedido en la región donde se conectaba las emociones con su correspondiente reacción (no habían llantos, estallidos de júbilo, excitación por las cosas que en apariencia me interesaban, eran a lo más muestras mecánicas, pequeño destello de lo que podía ser considerado emocionarse) a una excesiva hipersensibilidad. Todo me conmovía ahora, me volví más cariñoso, era como recuperar la vista... lloré lo que debí llorar de adolescente, un dolorosa empatia con el mundo que un amigo solía situar a medio camino entre la sensiblería y un trasnochado espíritu de buen samaritano.

Sin embargo aún queda un sentimiento que difícilmente puedo extrovertir. Y es que aún le cuesta trabajo a quien mejor me conozca hallar en mi rostro (algún gesto, tic o actitud) la preocupación, la angustia, la señal anterior inmediata a la crisis de ansiedad.

¿Que cuándo estoy preocupado? desde los siete años sufrí de erupciones y ataques de ronchas por ansiedad, desde que tengo memoria soy un manojo de nervios. Pero últimamente, más que en otras ocasiones estoy a punto de perder esa compostura a la que me obligo. El dolor de cabeza tensional, el cuello están a punto de decir hasta acá en un último estallido (con su onomatopéyico sonido de Boom).

En verdad, si algo hay en la vida que aún me cuesta trabajo es pedir ayuda. Decirle a alguien, a quien sea, tengo estos problemas será siempre la última opción... por lo cual mi cerebro eventualmente es una olla a presión, que se despresuriza a través de los monstruos que no logro vomitar en papel y que de los sueños saltan afuera a esconderse bajo la cama.

Pero hoy no será así, ya no lo puede ser más.

II.

Alguna vez dije que de los pocos personajes ficcionales con quien me he sentido terriblemente identificado, el que más ha sido Reki de Haibane Renmei.

Reki (pequeña piedra) vivía atrapada en ese limbo (purgatorio) donde todos llegaban antes de su viaje final; confinada eternamente a ese lugar por pagar el pecado de suicidarse arrojándose a las vías del tren, descubre al final de la historia que su nombre en realidad era "rota o despedazada" y que sus alas que eventualmente se tornaban negras eran un recordatorio de que su único error fue nunca pedir ayuda.

En la escena final de dicha serie, Reki se encierra -sin saber por qué- en su cuarto a pintar el mismo cuadro que vio instantes antes de morir: un solitario paraje boscoso cortado a la mitad por las rieles, al fondo de los altísimos pinos se nota una humarola, sin embargo el cuadro está vivo y el sonido del tren cada vez se hace más audible (el sonido onomatopéyico triquitraque).

Y entonces logra liberarse con un simple conjuro, con la frase -la única- que en toda ocasión podría salvarnos de la más atroz de las catástrofes:

¡Por favor, alguien ayúdeme!.


III.

Hoy nuevamente los fantasmas que en muchas ocasiones me han atemorizaron, volvieron por el simple gusto de ver mi cara de susto, de robustecer con mis angustias y con mis complejos. Le hablé a Nadia llorando -cosa que quizá no hacía desde la llamada de Valery el día del funeral de mi abuelo-.

Entonces pude decir, después de mucho tiempo, a alguien lo débil que soy.


4 comentarios:

quadritos dijo...

a veces, el hombro de un buen amigo es bueno, pero a veces, es mejor quitarse la capa de superhéroe, y sabernos naturales, con sentimientos.
sacar lo que traemos antes de terminar endureciendo el corazón, y dejándolo en un color gris.
ánimo changuito, eres bueno :)

Otramaría dijo...

Esta brujita tiene remedios mágicos para ti, esta brujita que se parece m´s a ti de lo que imaginas....No hay nada como los procesos de vida, pero un poco de pócimas secretas siempre ayuda.

Beartaco dijo...

No es broma Chango:
necesitas un masaje, necesitas aprender a respirar (inhalar-exhalar), en un movimiento lento a cerrar los ojos.
Y después te preguntas... "¿dónde estoy?"... eso será fácil responder:
-Estoy sentado (acostado), con los ojos cerrados sobre un sillón (cama o hamaca), en una habitación (oficina), en la calle tal, en esa colonia bonita, en esa parte de la ciudad donde vivo (trabajo), en esa parte que se junta con más esquinas para hacer una ciudad que no está aislada porque extiende sus cabellos sobre la roca blanca. Esa Pierda gigante que se escama hasta volverse península, rodeado de mar, en algo que todavía más grande que es redondo y que flota sobre un alcohol obscuro, que se llena de estrellas y más puntos de luz mientras más pasos doy atrás.... Ahí... donde todo lo grande y enorme se ve pequeño, te detientes y te vuelves a preguntar "¿dónde estoy?"
Haces una pausa antes de responder, y te añades otra pregunta:
"¿porqué estoy angustiado?".
Quizá la respuesta sea demasiado hippie, pero podría ayudar.

Beartaco dijo...

O almenos podrías dejarte llevar por aquellos: Wild, white horses... :D