Procastinar es a lo que antes nos referiamos con "echar hueva", lo que venía haciendo en las últimas semanas (había intentado justificarme antes con mi propensión a las adicciones y mi fascinante fascinación con el twitter) y para ello no existe excusa válida; he dejado de pagar a mi terapeuta lo cual significa que hasta no tener otra terapia no puedo decir "la depresión clínica está produciendo síntomas en mi cuerpo: cansancio, abulia, apatía, etcétera".
El punto es que ayer hice un horrible hallazgo que me tuvo horrorizado durante todo el día de hoy, el no escribir en mi blog es simplemente la punta del iceberg de un olvido aún mayor: No había escrito nada largo, no he artículado ordenadamente varias ideas en más de un párrafo o incluso de una oración.
Y es que el traje quitapón de twittero, escribo fácil en 140 palabras, es un traje echo a la misma medida del de aquel Bartleby de la novela de Melville. El ser ágrafo y cínico, el darle largas a la escritura de alguna entrada en mi blog o de un texto literario, el sabotear el plan de retomar aquel que hasta hace 3 años era mi pasatiempo favorito (escribir), el empequeñecer mis escritos, el facilismo del lenguaje sms, me hacen pensar que el motor de la máquina pudo haberse oxidado de un tiempo para acá.
Buscaré inmediatamente un grupo de autoayuda de twittero anónimo porque de seguir así me volveré quizá un editor de publicaciones metroflogeras, un enano columnista del periódico de la pequeñez, un publicista creativo de slogans chafas, un enumerador de simplezas y nimiedades en la onda del nuevo ciudadano de la microblogósfera.
En mi reproductor suena: The whistler de Crippled black phoenix
Changodelmal en modo: Tu puta madre twitter (con cariño), atte: Yo.
El punto es que ayer hice un horrible hallazgo que me tuvo horrorizado durante todo el día de hoy, el no escribir en mi blog es simplemente la punta del iceberg de un olvido aún mayor: No había escrito nada largo, no he artículado ordenadamente varias ideas en más de un párrafo o incluso de una oración.
Y es que el traje quitapón de twittero, escribo fácil en 140 palabras, es un traje echo a la misma medida del de aquel Bartleby de la novela de Melville. El ser ágrafo y cínico, el darle largas a la escritura de alguna entrada en mi blog o de un texto literario, el sabotear el plan de retomar aquel que hasta hace 3 años era mi pasatiempo favorito (escribir), el empequeñecer mis escritos, el facilismo del lenguaje sms, me hacen pensar que el motor de la máquina pudo haberse oxidado de un tiempo para acá.
Buscaré inmediatamente un grupo de autoayuda de twittero anónimo porque de seguir así me volveré quizá un editor de publicaciones metroflogeras, un enano columnista del periódico de la pequeñez, un publicista creativo de slogans chafas, un enumerador de simplezas y nimiedades en la onda del nuevo ciudadano de la microblogósfera.
En mi reproductor suena: The whistler de Crippled black phoenix
Changodelmal en modo: Tu puta madre twitter (con cariño), atte: Yo.








